El empresario como filósofo

Fotografía de Rodney Smith

“El filósofo no es el que tiene grandes cantidades de información en su cerebro, sino el que con la información que tiene se pone en la disposición de resolver las preguntas más grandes y vivir acorde a sus respuestas.”

Por Juan José Díaz Enríquez

Que conste que no hablo del filósofo como empresario. Creo que justificar que los filósofos podemos emprender es un ejercicio ocioso: baste ver los resultados de nuestros intentos y júzguese desde ahí.

Hablo de un concepto más radical: el empresario es filósofo. Quizá no el mejor filósofo y, definitivamente, pocas veces el filósofo académico. Pero sí un filósofo: un amante de la sabiduría.

¿Y quién es el amante de la sabiduría sino el que desde su ignorancia hace las preguntas pertinentes? ¿Quién es el filósofo, sino el que se inquieta y se angustia ante el misterio de una pregunta cuya respuesta se escapa de las manos? ¿Y qué preguntas se nos escapan sino aquellas que son más profundas y radicales sobre temas de la existencia?

El empresario vive de estas preguntas. El éxito o el fracaso de sus negocios dependen en gran medida de la relación que el empresario tenga con la sabiduría. ¿Por qué se levanta todos los días y decide asistir al trabajo? ¿Qué hace que los conflictos entre personas se repliquen entre departamentos, entre empresas, entre corporaciones…? ¿Por qué algo es valioso para un cliente?

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La investigación sobre las respuestas a estas (y muchas otras) preguntas están en el corazón de la gestión diaria del negocio. El motivo es simple: todo negocio existe para dar un servicio y el servicio es una clase de relación que afecta a lo más profundo de la naturaleza humana.

Sin esta relación, no hay negocio que prospere. François Michelin, el hombre detrás de las llantas, entendió a fondo esta realidad. Él fue, en muchos sentidos, el empresario filósofo. Un hombre, cuentan, sencillo y reflexivo; paciente al escuchar y profundo al contestar. Su labor como líder en la fábrica de llantas fue siempre y en gran medida plantearse las preguntas más relevantes.

Siendo empresario, la pregunta por el liberalismo le fue muy cercana: ¿qué es el liberalismo? “El liberalismo no significa en absoluto la independencia, sino que descansa en el establecimiento de relaciones libres y responsables”, fue su respuesta a la interrogante. Y, como buen filósofo, su respuesta no se quedó atorada en lo teórico, sino que se manifestó de manera vivencia.

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Lo interesante del pensamiento de Michelin es la riqueza de sus conceptos y la facilidad de su aplicación. La relación libre y responsable que significa el liberalismo sólo se entiende cuando se resuelve la pregunta sobre la clase de relación que él tenía en mente cuando hablaba y cuando trabajaba. Para él, la relación es siempre una relación de servicio, y por eso puede afirmar que “la propiedad [privada] es un robo si no está al servicio de los hombres”. Y con estos dos conceptos puede concluir que: “liberal es lo que es digno de un hombre libre”.

Michelin fue un gran amante de la sabiduría, un filósofo. Por eso fue un gran empresario. No fue, quizás, un erudito, pero eso no es importante. El filósofo, como nos enseñó Aristóteles desde hace 25 siglos, no es el que tiene grandes cantidades de información en su cerebro, sino el que con la información que tiene se pone en la disposición de resolver las preguntas más grandes y vivir acorde a sus respuestas.

Este post fue publicado originalmente en julio de 2012.

 

3 comentarios en “El empresario como filósofo

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