La vida como emprendimiento

Imagen del videojuego Journey.

El emprendedor persigue un sueño y quiere verlo convertido en realidad, a pesar de las dificultades del entorno y de sus propias limitaciones.

Por Alberto De Legarreta

Durante esta semana estaré de viaje visitando la ciudad de San Francisco y el Valle de Napa. La tierra vinícola nos permite expandir nuestra experiencia gustativa y descubrir aromas y sabores que antes no reconocíamos en un vino. Sin embargo, la antesala de este viaje me ha hecho reflexionar sobre un tema distinto: la importancia de viajar.

Ya hemos hablado de las propiedades reveladoras de los viajes (en ellos vislumbramos la propia identidad) y también de las condiciones necesarias para aprovecharlas (es necesaria una ruptura de la cotidianeidad). Consciente de ello —e imitando un poco el pensamiento budista de que ‘la vida es un camino que se recorre’— noté que viajar es en realidad muy parecido a emprender.

El emprendedor persigue un sueño y quiere verlo convertido en realidad, a pesar de las dificultades del entorno y de sus propias limitaciones. Emprender implica compromiso y un cambio magnánimo en el modus vivendi del soñador. Emprender implica una ruptura de lo que antes era cotidiano. Es caminar un largo sendero lleno de giros inesperados, montañas y demás obstáculos que sin duda nos harán cuestionar el rumbo, el paso, e incluso nuestra identidad, mas no la meta final.

El verdadero emprendedor es un visionario. Está convencido de que lo que hace es lo que debe hacer, que su rumbo es el correcto, y de que al seguir andando se conquistará la montaña —y entonces se buscará la siguiente.

El viaje del emprendedor, por desafiante, es quizá riesgoso e incluso peligroso. Mientras más alta sea su meta, más será cuestionado por quienes le rodean, amigos o enemigos, familia o extraños. Pero este viajero indomable sabe calcular sus riesgos y las consecuencias que ellos pueden traer. El emprendedor vence sus miedos y los de los demás gracias a la claridad de su convicción y a la nobleza de su meta.

Existen muchos tipos de viajes. Los que se denominan “aventuras” se saben llenos de altibajos y, sobre todo, de la emoción del viajero. El emprendedor quizá persiga una meta, pero saborea cada paso, por difícil que sea, del largo camino que se interpone entre él y su victoria.

Sabemos que nuestro paso por este mundo es precisamente eso: un paso, algo transitorio. Entonces, se puede vivir la vida como emprendimiento, como viaje, como aventura. En continuo descubrimiento, en permanente asombro y con convicción de que cada paso que se da, errado o no, nos llevará a la meta que perseguimos.

Sólo hay que quererlo.

Este post fue publicado originalmente en septiembre de 2012.

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