El líder como narrador

Ser capaz de articular una historia y de encontrar el valor incluso de los momentos más duros es una cualidad invaluable para un líder.

Por Elizabeth G. Frías

Las grandes historias le suceden a quienes son capaces de contarlas, dijo alguna vez Ira Glass. Quienes cuentan las mejores anécdotas no siempre son los que viven acontecimientos extraordinarios, sino quienes conocen el poder de las historias. Quienes tienen la sensibilidad, la inteligencia y la agudeza de percepción suficientes para detectar — y crear — el significado del día a día, serán quienes tengan narraciones más poderosas.

Contada del modo adecuado, una historia puede servir como modelo mental para otorgar sentido a lo que vivimos, ya sea en el plano personal o colectivo — en una empresa, por ejemplo. “Las historias son el único encantamiento posible — decía Anaïs Nin — , pues cuando comenzamos a ver nuestro sufrimiento como parte de una historia, estamos salvados.” Un suceso desafortunado, una injusticia o una etapa complicada difícilmente tendrán sentido si no los vemos como parte de una historia, como una parte necesaria del camino hacia un desenlace que deseamos. Ser capaz de articular esa historia y de encontrar el valor incluso de los momentos más duros es una cualidad invaluable para un líder. Una buena historia puede convertir una realidad caótica y compleja en una misión clara y definida para un equipo de personas.

No se trata de mentir: un relato artificial y exagerado no logrará que los involucrados se identifiquen con él ni podrá convertirse en una motivación para su trabajo. Por el contrario, el objetivo es encontrar el núcleo significativo que está ya presente en el trabajo del grupo. Si el líder puede esculpir la complejidad cotidiana — quitar los excesos, dejar sólo lo que tiene valor — y articular sus hallazgos en una historia real y cercana a la gente a la que dirige, tendrá en sus manos una herramienta de altísimo impacto. Si logra también asimilar esa historia a alguna narración conocida — la de algún personaje de la literatura o de la historia — , sus símbolos pueden convertirse en grandes portadores de significado: una frase, una meta o un objeto — como la inscripción en el templo de Delfos (“conócete a ti mismo”) o el casco alado de Hermes — pueden dar al trabajo diario dimensiones épicas.

“Contar historias revela el significado sin cometer el error de definirlo”, dijo Hannah Arendt. Gracias a su capacidad de transmitir el sentido de forma indirecta, pero clara y ligada a las emociones, las historias juegan un papel muy relevante al persuadir y motivar a un grupo. Si el líder es un buen narrador, las historias personales de sus integrantes encontrarán su lugar dentro del marco del relato colectivo, de forma que la historia será pieza fundamental en la construcción de la identidad tanto del grupo como de los individuos que lo conforman, y podrá guiar las decisiones y las virtudes que los identifican.

No es sólo al interior de una organización o agrupación que las historias juegan un papel importante. Entre más fuerte sea la historia que se cuenta hacia el público, más fuerte y definida será la marca que encarna esa narración en la mente de las personas. De nuevo, la historia debe ser tal que quien la escucha se sienta en el núcleo de los acontecimientos y encuentre su lugar como el actor principal: el cliente debe ser el héroe, debe verse reflejado en el relato.

En un experimento fuera de lo común, Rob Walker y Joshua Glenn compraron objetos baratos y le pidieron a escritores reconocidos que inventaran historias para ellos. Después, pusieron los objetos a la venta en eBay — junto con sus historias, por supuesto — . La hipótesis es que las historias son un conductor tan poderoso de valor emocional que su efecto en el valor subjetivo de cualquier objeto debería poder medirse de forma objetiva. Lo comprobaron: el valor de los objetos aumentó en un 2700%.

Del mismo modo en que estos objetos multiplicaron su valor cuando se convirtieron en el centro de una historia, las acciones diarias—incluso las menos placenteras—multiplican su valor y su significado subjetivo cuando se perciben como parte de un relato con un propósito. Ese incremento de valor subjetivo seguramente tendrá repercusiones objetivas en los resultados de la organización, ya sea en productividad, desempeño e incluso en ventas.

Un líder con la capacidad de descubrir y crear ese valor de forma auténtica y de transmitirlo como una historia apasionante y motivadora, no sólo será capaz de dirigir el rumbo de la organización que lidera y de renovarlo cada vez que sea necesario, sino que podrá influir de forma positiva en las personas que conforman la agrupación y en la sociedad en la que se encuentran. Una buena historia es una manera directa de aprehender y apropiarse de un ideal, un propósito o una causa, y de convertirlo en el motor del esfuerzo diario.

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