Hacia un análisis más completo de la realidad empresarial

Ilustración de Carlo Giambarresi

Las empresas necesitan, cada vez más, un acercamiento inteligente a la realidad compleja que las rodea.

Por Juan José Díaz Enríquez

Día a día se genera información que demanda ser interpretada para iluminar las decisiones que le dan forma a la estrategia y a la táctica cotidiana de las organizaciones.

Esta avalancha de información ha llevado a las empresas y a los consultores a desarrollar herramientas muy poderosas para analizar y entender lo que los datos quieren decir. Desde las matrices FODA (fuerzas, oportunidades, debilidades y amenazas) hasta el “pescado de Ishikawa”, estos artilugios toman el papel del cirujano que abre y separa la realidad en pedazos manejables.

Sin embargo, aunque son útiles, sólo enfocan sus esfuerzos en algunos de los elementos constitutivos de la realidad. Se quedan cojas ante su complejidad y dejan a los ejecutivos solos ante la titánica tarea de adivinar dónde están los huecos que no pudieron cubrir.

La realidad rige a la empresa y toda la realidad se analiza bajo tres preguntas clave:

  1. ¿Cuáles son los elementos que la constituyen?
  2. ¿Cuáles son las causas que la conforman?
  3. ¿Cuáles son los principios que la detonan?

Los elementos son aquellas partes mínimas y diferentes entre sí en las que se divide la realidad más compleja. Así, cuando uno hace una análisis FODA lo que está mapeando son los elementos constitutivos de la relación de una empresa con su entorno. Lo mismo pasa con el análisis PESTEL (político, económico, social, tecnológico, ecológico y legal): se analiza el entorno a partir de sus partes constitutivas en esos seis rubros.

Las causas son aquello que produce una consecuencia o el factor al que tenemos que referirnos al exponer un proceso cualquiera. Entendemos la palabra “causa” de una manera muy acotada, tan sólo como aquello que detona un efecto. Por ejemplo, pensemos en el diagrama de Ichikawa: al buscar las causas que producen un problema, la herramienta examina las variables que intervienen en un proceso determinado.

De esta manera, una entrega retrasada, por poner un ejemplo, se examina a partir de las variables: “personas”, “métodos”, “tecnología”, entre otras. ¿Qué elementos de la variable “personas” podrían generar un retraso en la entrega? Es una pregunta que nos ayudaría a diagramar las relaciones causa-efecto que estamos buscando.

Una buena práctica para enriquecer el análisis de Ishikawa sería pensar el concepto “causa” de una manera más amplia. Aristóteles, ese griego insoportable de hace 25 siglos, habló de cinco causas que conforman a la realidad:

  1. Causa material
  2. Causa formal
  3. Causa eficiente
  4. Causa final
  5. Causa ejemplar

Propiamente la causa eficiente es la que se analiza hoy en día en el diagrama de Ishikawa. Si añadimos las otras cuatro obtendremos un acceso mucho más completo a la realidad que queremos entender.

La causa material es la materia tal cual que conforma una cosa. En la construcción de autos de carreras, esta causa es una muy importante: no es lo mismo construir un chasis de acero inoxidable que uno de kevlar. Las propiedades de la materia afectan al producto final de tal manera que debemos considerarlas siempre para mejorar nuestra oferta y para  corregir nuestros problemas.

La causa formal es el orden que tienen los elementos y que permiten a una cosa ser lo que es y no otra cosa. Este orden es importante pues en ocasiones se puede optimizar sin perder la esencia del producto que queremos generar o mejorar.

La causa final es el propósito para el cual existe algo. La causa final más conocida en el mundo empresarial es la “misión”. Pero cada producto y servicio que genera una empresa también tiene esa causa: ¿para qué fue hecho? ¿qué necesidad pretende satisfacer? ¿qué ganancia le busca generar al usuario? Esas son preguntas que pueden ayudar a identificar la causa final.

Por último, la causa ejemplar es la idea que tenía el creativo, ingeniero o emprendedor y que los movió a construir su producto o servicio de tal o cual manera. La causa ejemplar se define empresarialmente como la “visión”.

Con un análisis causal así de completo podríamos aprovechar mucho mejor las ventajas del análisis de problemas:

Image

Por último, los principios son causas en el orden del ser, conocer y actuar. Esto quiere decir que aquellas causas que le permiten a una cosa ser lo que es, que nos permiten conocerla y que permiten la acción son principios.

LEER MÁS: La cultura nos moldea.

Un buen ejemplo para entender los principios es la cultura organizacional.

El principio de la cultura organizacional (aquello que le permite ser, conocer y actuar) es la persona. Aquellos que viven la cultura y que la conocen (y por lo tanto, que la generan) son las personas. Sin ellas, no hay cultura en ninguna organización. ¿Por qué cuando un directivo cambia, la cultura de su departamento suele modificarse? Porque el principio de la cultura se alteró.

Muchas veces en las empresas se quiere gestionar la cultura sólo a partir de sus elementos (valores e historia, por ejemplo) o desde su causa eficiente nada más (“en esta empresa si alguien roba, se va en automático”). Pero esta aproximación siempre queda trunca, incompleta.

Por ello es necesario encaminar nuestros esfuerzos hacia un análisis más completo de la realidad empresarial.

Este post fue publicado originalmente en octubre de 2012.

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