Vivir con sentido de urgencia

Fotografía de Bertil Nilsson,

“La urgencia no es prisa, es consciencia de la importancia y la necesidad del cambio.”

Por Alberto De Legarreta

Acabo de terminar el hermosísimo Seda, de Alessandro Baricco. Es un libro-spa. Imposible es transitarlo con rapidez, aunque sea corto. Tiene un ritmo contemplativo y pacífico, como ver cambiar las estaciones en un jardín japonés. Hervé Joncour, su protagonista, lleva una vida repetitiva pero sin hartazgo. Es una rutina sin prisa. En ella encuentra la calma y una felicidad serena…aunque limitada.

El ritmo pausado me hizo pensar en don Juan Luis Prieto, hermano del gran chelista y pensador Carlos Prieto. Don Juan es empresario de larga carrera, un hombre culto y contemplativo. Se toma su tiempo para escoger sus palabras y le gusta revisarlas, una por una, para asegurarse de que son las que mejor comunican lo que quiere decir. Se toma el tiempo, además, de tocar la viola. Hace poco nos dejó en Eudoxa varios consejos para el emprendimiento, Uno de ellos: plantearse objetivos ambiciosos pero realistas y perseguirlos con tenacidad, rigor y disciplina.

Me gusta pensar las cosas con calma. Soy lento. Me gusta tomar las ideas, examinarlas a fondo y luego apartarlas. Las pongo en un estante mental de pendientes y me distraigo con otras actividades. En ese lugar las ideas maduran. Cuando vuelvo a ellas las encuentro más dulces y, si son problemáticas, menos enmarañadas. Este proceso lleva tiempo, por supuesto. No siempre es posible aplicarlo con el ritmo de vida acelerado característico de la ciudad y los tiempos en los que me ha tocado vivir. Es como tratar de beber una taza de té en medio de un huracán. Al menos lo intento.

A veces me paso de lento. No siempre tengo esa disciplina para actuar con rapidez de la que nos habló Juan Luis. Otras veces me gana la glotonería, entonces una idea que encuentro irresistible se roba mi atención completa e inmediata.

Esto le sucede a los emprendedores más energéticos. Quieren que las cosas se hagan ya, sin pretextos ni demoras. Esta prisa, sin embargo, puede resultar dañina para la salud y para los resultados que se persiguen. Hay gente que florece con este ritmo vertiginoso. Yo no soy uno de ellos.

Entonces pienso: ¡Claro que me gustaría una vida como la de Hervé Joncour!. Sin embargo, pronto la realidad me da una cachetada para que salga de mí mismo y mire a mi alrededor. En el mundo hay cambios que son necesarios y que yo puedo detonar; hay gente con más necesidad que yo a la que puedo ayudar. Tengo una responsabilidad con los demás de la que no debo olvidarme y una responsabilidad conmigo mismo, para ser la mejor versión de mí, que no debo descuidar.

Estas cachetadas de realidad explican por qué soy un consultor de negocios y no, digamos, un jardinero. Agustín Irurita, otro maestro Jedi del emprendimiento, me propinó otra llamada de atención hace poco. Él es ex CEO de Grupo ADO y consejero externo de Eudoxa. Me alentó a seguir como voy pero me invitó a actuar con “sentido de urgencia”.

Agustín es un hombre ágil, Juan Luis es paciente. Su ritmo de ejecución es diferente. No soy partidario de la velocidad, sin embargo Agustín me dio una razón para que replantee mi gusto por la lentitud: urgencia. No es una palabra apetitosa, pero su significado sí. Lo urgente — lo que requiere nuestra atención inmediata — muchas veces lo es sólo porque nosotros hemos provocado que así sea con nuestro descuido o indiferencia.

Parafraseo a Agustín: vivir con sentido de urgencia es vivir conscientes de que el cambio que queremos hacer, cualquiera que sea, ¡es para hoy! Basta de posponerlo. ¡Es para hoy!

Decimos que queremos aprender otro idioma, hacer un viaje por Asia, estudiar la maestría, aplicar para la beca, terminar la tesis… ¡Es para hoy!

Ese negocio que tenemos en mente, ese país mejor en el que queremos vivir, esa actitud más amable que queremos tener, esa visita al amigo que hace tanto que no vemos, ¡es para hoy!

Ese “algún día” es la mentira más peligrosa que nos decimos. Si no actuamos con un sentido de urgencia puede ser que la vida “nos suceda”. Nos sucede que nos casamos — o no — , tenemos hijos — o no — , envejecemos — ¡o envejecemos! — y se nos van las oportunidades, las fuerzas, la llama, el fuego. La vida toma su propio rumbo. Si no llevamos a cabo nuestro plan con urgencia, puede irse por otro camino, lejos de nuestros deseos, intenciones y expectativas.

Hervé Joncour era un mero asistente a su vida. Nunca se le vieron ganas de vivirla. ¡Claro que no quiero ser como él! ¡Está mal que me pase de lento! Mi estante de ideas no debe ser un basurero…Me gusta vivir sin prisa, pero la urgencia no es prisa, es consciencia de la importancia y la necesidad del cambio. Juan Luis Prieto vive con paciencia, ¡pero vaya que ha hecho cambios en su vida y su entorno! Festina lente, pues, pero urgente. Con calma, pero adelante, con rigor y disciplina. ¡Es para hoy!

alberto-de-legarreta

Alberto De Legarreta

“Todos estamos llamados a ser extraordinarios.”
Es curioso, humanista y cultivador de rareza.
En Eudoxa es Director de Operaciones.

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Este post fue publicado originalmente en julio de 2014.

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