La humildad como motor del desarrollo

“La creatividad es un sistema de colaboración constante que exige que sepamos abrirnos y escuchar a los demás (…) El egoísmo es un obstáculo mayúsculo para el desarrollo.”

Por Emilia Kiehnle

Ya antes me he peleado varias veces con la idea de que la creatividad es algo espontáneo y puramente propio de los supuestos genios librepensadores; de estos personajes que son famosos por haber roto los paradigmas de su época y por haber creado nuevas técnicas, corrientes artísticas o formas de pensar.

Cuando contamos las historias de estos grandes personajes tendemos a olvidar que para haber roto los paradigmas de su tiempo primero tuvieron que sumergirse en ellos, estudiarlos, vivirlos, pensarlos y, sólo después de un largo proceso de aprendizaje y de trabajo constante, pudieron criticarlos y proponer algo mejor.

Esto es cierto para cualquier disciplina: pensemos en grandes artistas, como Beethoven, Van Gogh y Picasso, o en reconocidos científicos, como Isaac Newton o Albert Einstein, incluso en empresarios que hoy en día son considerados como paradigmas del éxito, tales como Henry Ford, Walt Disney y Steve Jobs. Todos, con sus muy variadas personalidades y formas de ser, comparten una característica fundamental: fueron personas hambrientas de conocimiento y apasionadas por su trabajo. A ninguno de ellos se le hacía fácil lo que hacía, ni se les daba de forma natural; todos tuvieron que aprender y trabajar mucho para poder crear.

Estos ejemplos nos muestran que la ausencia de normas y trabajo no facilita la creatividad, sino que, al contrario, propicia la pereza y el desorden. El esfuerzo creativo no sólo implica espontaneidad y energía para la ruptura, sino también capacidad para dar con el orden que a lo nuevo corresponde en cada caso, y para eso se necesita orden, estructura: límites.

Retomo este tema porque en este post me interesa hablar de la relación que hay entre el proceso creativo del ser humano y su naturaleza social. Las grandes personalidades de la historia nos muestran que la creatividad innovadora no es del individuo solitario, sino del trabajo en equipo. La auténtica novedad es de índole cooperativa, pues todos los grandes innovadores siempre han tenido un equipo detrás o han convivido y sido influenciados por amigos o colegas.

Regresemos al ejemplo de los artistas: muchos de ellos no tenían propiamente a un equipo de trabajo como tal, pero siempre estaban rodeados de otros artistas y pensadores con los cuales discutir, compartir ideas e incluso competir. Y esto es lo esperado, pues la convivencia social es profundamente humana. Estamos hechos para recibir y dar a los demás. Si no hubiera un “para quién”, no tendría sentido crear nada nuevo. Es más, ni siquiera habría modo de distinguir lo “nuevo”, pues no tendríamos otras obras ni ideas para comparar.

La creatividad es un sistema de colaboración constante que exige que sepamos abrirnos y escuchar a los demás. Las celebridades que he citado en este post también tuvieron sus grandes errores y, por lo general, sucedieron cuando se envanecieron y se cerraron a escuchar y a seguir aprendiendo, cuando dejaron de cultivar la virtud de la humildad.

El egoísmo es un obstáculo mayúsculo para el desarrollo. El trabajo en equipo no es tanto necesario para alcanzar metas valiosas, sino para lograr que las personas den de sí lo mejor que pueden. El hombre no crece más que donándose a sí mismo a los demás.

No hay ser humano que tenga todas las destrezas ni que disponga del tiempo para llevar todas las tareas a cabo, por lo que tenemos que aprender a combinar habilidades, a generar una cooperación de las personas y una complementariedad de los saberes.

Uno de mis profesores de la carrera, el Dr. Carlos Llano, decía que por todo esto había que cambiar la forma en la que se trabaja en las empresas. Decía que los grupos de trabajo no pueden presentar una estructura jerárquica rígida, sino que deben ser conjuntos cooperativos de personas capaces de dialogar en un plano de igualdad. Esto no significa que no deba haber un jefe que cuide la organización y la disciplina, pero sí que se tienda más a configuraciones laborales y sociales más flexibles en donde no se siga el modelo de “uno dirige y los demás operan”, sino que todos dirigen y operan a su nivel.

Si queremos lograr una sociedad así, debemos empezar a cultivar el diálogo y la escucha, de modo que el pensamiento esté vivo y en constante ejercicio. Todos podemos ser “geniales”, pero para eso primero tenemos que renunciar al deseo de ser reconocidos como tales; tenemos que aprender a ser humildes.

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Emilia Kiehnle

“Construyamos empresas para las personas.”
Es filósofa y docente.
En Eudoxa es Directora de Desarrollo Humano.


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Este post fue publicado originalmente en agosto 2013.

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