Dirigir una empresa es como dirigir una orquesta sinfónica

Leonard Bernstein por Arnold Newman.

La función del director es rodearse de los expertos, guiarlos y unificar el trabajo de todos.

Por Santiago Piñeirúa

El jueves 26 de junio toqué un concierto de trío (piano, violín y chelo) con dos grandes amigos y músicos: Gabriel Pliego y Ville Kivivuori. El motivo no fue un evento cultural, como suelen ser mis conciertos. Esta ocasión fue enmarcada dentro de un programa del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE), dirigido a los estudiantes del curso en el campus de Guadalajara. Todos los estudiantes son directores en alguna empresa y no tienen menos de treinta años (los dos requisitos más importantes para ingresar).

La sesión fue expuesta por el Dr. Gabriel Pliego, violinista, director de orquesta y educador musical. Él dirige el Departamento de Arte y Cultura del Colegio Cedros y la Universidad Panamericana desde hace 19 años. Conoce a la perfección el oficio del director y puede explicarla desde dos puntos de vista: el empresarial y orquestal.

La experiencia fue enriquecedora. Llegamos a la misma conclusión: un director de orquesta y un director de empresa deben tener, en términos generales, las mismas cualidades (esto confirma la idea explorada en otros textos de Eudoxa, como Directores o El Empresario Dudamel).

El Dr. Pliego dio una ponencia enriquecida por una extensa bibliografía y el estudio activo de empresarios, pedagogos y pensadores. Sin embargo, lo más relevante fue el perfil de liderazgo que creó, en donde caben los directores de empresas y de orquestas. Ambos tienen las mismas cualidades creativas y éticas y sobre todo: comparten una mentalidad enfocada en el éxito.

Una de las mejores ideas es que un líder se rodea de expertos, cuyos talentos, conocimientos y habilidades son superiores a los suyos. Esto rompe con el mito de “los directores saben hacerlo todo” (en el medio musical se suele creer que el director de la orquesta sabe tocar todos los instrumentos y conoce los detalles técnicos de cada uno).

La función del director es unificar el trabajo de todos. Así, enfocados en una misma misión, cada integrante — de le empresa o de la orquesta — desarrolla al máximo sus capacidades personales. Es mejor un conjunto de expertos en una sola habilidad que una persona medianamente conocedora de todas.

El director de orquesta tiene la misión de juntar a los mejores violinistas, bajistas, pianistas, etc. El director empresarial debe rodearse de los mejores vendedores, creadores, directores, reclutadores, etc. Ambos tienen la responsabilidad de crear un ambiente propicio para el crecimiento de cada uno de los integrantes, confiar en sus capacidades y dejarlos trabajar juntos — siempre que exista un objetivo común y claro.

El director tiene la obligación de definir los objetivos y encontrar formas de lograrlos. Lo más importante es que, mientras lo hace, debe tener la habilidad de no estorbar. Es común que cuando llega un nuevo director — de orquesta o de empresa — los procesos cambien a su modo. No está mal, pero el director debe hacerlo con consciencia. No siempre su modo es el mejor y no siempre es el mejor momento para cambiar lo establecido. Por eso, un buen director distingue entre el liderazgo y la interferencia.

Para ilustrar esto, el Dr. Pliego se apoyó en dos videos:

En el primero vemos al gran compositor, director y pianista Leonard Bernstein dirigiendo la grabación de una de sus más importantes obras: West Side Story. Hay grandes expertos, músicos e ingenieros de sonido a los que Bernstein instruye para lograr el concepto creativo que él tiene en la mente — y, como es su obra, lo que el diga es irrefutable.

En el segundo video vemos a Leonard Bernstein dirigiendo el último movimiento de una sinfonía de Haydn a la Orquesta Filarmónica de Viena. Después del arduo trabajo con sus expertos músicos, Bernstein indica muy pocas cosas en el concierto. Tiene plena confianza en su equipo.

Hay dos etapas de la dirección: 1) en la que trabaja con los expertos para lograr que se cumpla su visión y 2) en la que el director confía, tanto en su equipo como en su dirección durante el trabajo previo.

Agradezco al Dr. Gabriel Pliego y al IPADE por la experiencia vivida en Guadalajara y el aprendizaje adquirido el pasado 26 de junio. Espero que para ustedes, queridos lectores, ésta también haya sido una reflexión útil y enriquecedora.

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Santiago Piñeirúa

Es Pianista Concertista de Bellas Artes desde 2010. Estudió música durante 20 años; se dedica a tocar conciertos y a dar clases. Le interesa la música y el arte en general.

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Este post fue publicado originalmente en junio de 2014.

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