Emprender es un oficio artesanal

Fotografía de Dina Belenko

Como la alfarería, el emprendimiento es una artesanía. En ambos casos, el uso creativo de habilidades aprendidas resulta en un producto de valor. 

Por Bill Aulet

En mis veintitantos años de carrera emprendedora y mis siete años de asesor, me he preguntado si esta aventura debería verse como ciencia o como arte. Si el emprendimiento fuera una ciencia, podría enseñarle a mis alumnos que si hacen “x” y “y”, obtendrán como resultado “z”. Si fuera un arte, se consideraría una actividad creativa a la que sólo unos pocos pueden aspirar.

Muchos elementos de emprendimiento requieren de procesos empíricos. Otros requieren creatividad. En la busca de un modelo mental que abarque ambos requisitos, pensé en los alfareros. Estos habilidosos artesanos hacen arte en cada pieza. Sin embargo, antes necesitan el conocimiento sobre cómo moldear la arcilla. Si no lo tuvieran, su creatividad no podría actuar con libertad. La alfarería no es arte ni ciencia; es un oficio artesanal, un oficio en el que convergen lo empírico y lo creativo.

Ilustración de Marius Ursache.

Las ciencias son deterministas, el arte es lo opuesto. Tanto la alfarería como el espíritu empresarial se sitúan en el punto medio de este espectro. Ambas comparten ciertas características que los colocan en el reino de las artesanías:

Son accesibles

Alfarería: casi cualquier persona puede hacer una vasija de arcilla. No es una actividad exclusiva para la élite con extraordinarios talentos.

Emprendimiento: los emprendedores vienen de distintos caminos. En algunas partes del mundo —en Vietnam, por ejemplo— el emprendimiento es una forma de vida. No se necesita de una bendición especial para empezar una empresa, sólo se requiere un deseo y una mínima cantidad de potencial —inherente a todos los seres humanos. La percepción histórica coloca a los empresarios como seres dotados de un don especial. ¡Eso es un problema! Pensar en el emprendimiento como un oficio artesanal ayuda a hacerlo accesible.

Son aprendibles

Alfarería: como artesanía, consiste en una serie de habilidades básicas que necesitan ser aprendidas —no  son obvias. Nadie se convierte en alfarero en el aislamiento.

Emprendimiento: numerosos estudios muestran que mientras más veces se comience un negocio, más altas son las probabilidades de éxito en los futuros emprendimietosLos empresarios seriales se mejoran con constancia.

Valoran productos únicos

Alfarería: cuando está bien hecha, la alfarería es bella y única. Los artesanos no buscan la producción masiva; su objetivo es crear productos singulares, irremplazables, valiosos.

Emprendimiento: el desafío principal para los empresarios es innovar. Pueden crear algo nuevo e introducirlo en el mundo antes de que alguien más haga algo parecido, o  modificar lo existente y hacerlo suficientemente valioso para que reemplace a lo existente. Esta búsqueda de una propuesta única es lo que convierte al espíritu emprendedor en una artesanía. Al igual que en la alfarería, el uso creativo de habilidades aprendidas resulta en un producto de valor. 

Están construidos en conceptos fundamentales

Alfarería: lo primero que se le eseña a un alfarero es cómo vaciar la arcilla en la rueda, cómo usar los dedos para moldear las ranuras y cómo calibrar —y usar de forma correcta— los pedales. Son principios básicos. Conocerlos no garantiza el éxito del artesano, pero sí potencia su entendimiento y lo prepara para moldear piezas cada vez más complejas.

Emprendimiento: existen muchos conceptos básicos sobre arrancar un negocio. Puede que se comporten distinto según el giro y tipo de la empresa, pero la base sigue igual. Mi experiencia es ilustrativa: mi primer intento de lanzar una compañía, Cambridge Decision Dynamics, fue un rotundo fracaso. No tenía idea de cómo empezar; pensé que los recursos humanos no importaban; no comprendía el ajuste del mercado en los productos; no sabía cómo recaudar dinero; y no etendía que el flujo de efectivo es diferente a la rentabilidad (y mucho más importante). La comprensión de estos principios aumentan las posibilidades de éxito —quizá, incluso, lo aseguran.

Se aprenden con la práctica

Alfarería: parte crucial del proceso de aprendizaje es la práctica. Lo principal puede explicarse a través de lecturas pero el entendimiento completo llega cuando la teoría se lleva a la acción. Ser alfarero va más allá de sólo manejar la rueda, involucra otras habiliades específicas como amasar, acuñar, usar un horno —procesos que sólo se aprenden al combinar teoría con práctica.

Emprendimiento: la esencia del espíritu empresarial es poner en práctica el conocimiento fundamental de la teoría. Muchos empresarios comienzan como empleados en la industria en la que quieren emprender, estudian los matices del negocio y, cuando los dominan, fundan una empresa similar. Por eso es importante que los programas de educación empresarial ofrezcan oportunidades más allá del aula. Los asesores debemos sumergir al alumno en la práctica real.

¿Qué significa este cambio de mentalidad?

Pensar el emprendimiento como una artesanía nos ayuda a hacerle frente a muchos grandes desafíos. Como educadores de emprendimiento, nuestro objetivo es inspirar a la nueva oleada de innovadores a que abroden temas en apariencia intratables. Debemos construir conocimientos sólidos que codifiquen los conceptos fundamentales del emprendimiento, así aumentaremos la propabilidad de éxito de las nuevas empresas. También debemos validar estos conceptos con rigurosas técnicas de investigación —adaptadas de las ciencias sociales. Además, somos responsables de desarrollar programas de capacitación artesanal para aplicar estos conceptos en un modelo de aprendizaje práctico.

Será difícil llevar una educación emprendedora de alta calidad a una escala que pueda atender la demanda. Debemos impulsar el desarrollo de más y mejores cursos masivos abiertos (MOOCs), como los ofrecidos por edX) para ayudar a transmitir la mentalidad adecuada.

El resultado final será doble: se desarrollarán lenguajes y marcos comunes (como se ve en otros campos como la medicina, el derecho y la economía), y los profesionales aprovecharán el trabajo ya realizado para crear una comunidad de aprendices más cohesiva. Esto creará un bucle de retroalimentación virtual, girando, por así decirlo, como una rueda de alfarero.

Tenemos la oportunidad de crear un camino que llevará a millones de empresarios obtener la formación que necesitan para impactar positivamente al mundo. Aclarar que el emprendimiento es un oficio nos permitirá diseñar adecuadamente la solución educativa escalable que necesitamos. Nos beneficiará a largo plazo.


Este texto, escrito por Bill Aulet, fue originalmente publicado en MIT Sloan Management Review y traducido al español por el Staff de Eudoxa. Puedes leer el original, en inglés, aquí.

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