Hacia una ética del cuidado

Ser ético requiere tanto de un buen razonamiento sobre los derechos/principios/consecuencias, como el cuidado de todas las personas afectadas por las acciones.

Por Natalie Despot

El aborto, la eutanasia, el cuidado del medio ambiente, y la atención universal a la salud, entre otros, son temas que cautivan cada vez más nuestra atención —y discusiones en Facebook. Nos presentan desafíos inusitados y para resolverlos necesitan ser reflexionados desde diversas disciplinas.

Sobre ellos no se opina a la ligera. Están relacionados a la vida, la libertad y la responsabilidad; por lo tanto entran en juego distintos juicios, principios y valores culturales y religiosos que hacen más difícil la toma de decisiones.

He seguido la práctica filosófica de considerar estas cuestiones desde las perspectivas éticas más importantes (utilitarismo, kantismo, principalista). Estas teorías hacen de la deliberación moral una cuestión fundamental en materia de derechos y deberes. Por ejemplo: al deliberar si las leyes deben o no permitir a los médicos realizar suicidios asistidos, habrá que tomar en cuenta varios factores: 1) los derechos de los pacientes (principio de autonomía), 2) los deberes de los médicos, 3) los efectos positivos y negativos de suicidio asistido. El riesgo de basarse sólo en un enfoque es que llevemos a cabo acciones en contra de la dignidad humana —aunque cuenten con un fundamento ético.

Otro ejemplo: un psicópata inteligente puede seguir todos los patrones de razonamiento estándar para llegar a una conclusión “válida” sobre lo bueno y lo malo. A pesar de hacer lo correcto desde la teoría, en la práctica su acción es dañina para otras personas. Esto es posible porque al psicópata no le importa las otras personas.

Todos estamos vivos y tenemos capacidades cognitivas gracias a que alguien cuidó de nosotros durante nuestro proceso de desarrollo.

La ética tradicional resaltó mucho el papel de la racionalidad en el campo de la moral. Sin embargo, estudios recientes (Damasio,2001; de Waall, 2000) muestran que las emociones tienen un papel fundamental en el desarrollo moral. Psicólogas como Carol Gilligan y Nel Noddings argumentan que la ética debe tomar en cuenta las emociones, creencias y contextos particulares de las personas para comprenderlas y así poder cubrir sus necesidades.

Emociones como la compasión —la preocupación por el sufrimiento de los demás— y la empatía —imaginar las experiencias de los demás— permiten que tanto los médicos como todos aquellos que tratan con una persona necesitada, la traten con el cuidado que se requiere.

En el pensamiento ético — igual que en el pensamiento general — debe existir un balance entre los aspectos cognitivo y emocional.

Una de las ventajas de la ética que proponen Gilligan y Noddings es que parte de una experiencia común: la necesidad de ser cuidados. Todos estamos vivos y tenemos capacidades cognitivas gracias a que alguien cuidó de nosotros durante nuestro proceso de desarrollo. Aplicar esta ética con nuestros seres queridos —familiares, pareja, amigos— no es difícil, de hecho es algo que emerge de forma natural. Sin embargo, las dificultades se dan cuando se busca trasladar esta ética al ámbito jurídico. ¿Se debe exigir legalmente a una madre cuidar de su hijo? ¿Se pueden aplicar las leyes cuidando también de la persona juzgada?

Es importante pensar sobre la manera en que se puede llevar la ética del cuidado al ámbito público. Ser ético requiere tanto de un buen razonamiento sobre los derechos/principios/consecuencias, como el cuidado de todas las personas afectadas por las acciones. Volviendo al ejemplo sobre los médicosy los suicidios asistidos, ahora vemos una perspectiva distinta: en el juego también entra la capacidad empática del médico hacia los pacientes, familiares y demás personal médico. Siempre tiene que procurar actuar conforme a la dignidad de la persona, y no dejarse guiar por la practicidad o aspectos económicos.

En el pensamiento ético —igual que en el pensamiento general— debe existir un balance entre los aspectos cognitivo y emocional. Tal vez este tipo de cuidado ayudará a conciliar los conflictos relativos a los derechos, las consecuencias y los principios que surgen inevitablemente en situaciones éticamente complicadas.

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