Por qué procrastinamos y cómo dejar de hacerlo

Marion Fayolle

Reconocer que la procrastinación existe y es inevitable es el primer paso. El segundo: identificar cuándo ocurre y por qué. Sólo así la anularemos.

Por Margot Castañeda

Son las siete de la noche y tienes una pequeña pila de trabajo esperando tu atención. Sabes que necesitas hacerlo hoy porque mañana te vas de viaje y debes cumplir con tu fecha de entrega. Te preparas un café cargado, te sientas frente a la computadora y tecleas: www.netflix.com. Te arrepientes. Cierras la ventana. Haces un análisis rápido: Quizá sólo un capítulo y luego ¡a trabajar! Después de una hora vuelves a negociar: Seguro tengo tiempo mañana mientras espero en la sala de abordaje. Entonces, otro capítulo. Y otro. Ya te fuiste de viaje y la pila dobló su tamaño.

¿Te suena familiar?

A mí sí. Soy escritora y editora. Sé de fechas de entrega y domino cómo funciona la procrastinación —propia y ajena. Es muy fácil caer en esta dinámica: si la fecha de entrega es holgada, procrastino hasta que necesito parar mi vida entera para darme un encerrón y sacar mi texto en apretadas horas. A veces intercambio el trabajo por el placer momentáneo consumista (salir por un café, leer, ver una película); y otras pienso que primero crasheo las tareas chiquitas para luego dedicarme a los proyectos largos.

Error. Ambas vías me proporcionan lo mismo: un fugaz estado de bienestar, acompañado de una incesante y molesta preocupación inconsciente. Cuando la fecha de entrega es hoy, comienzo a sentir culpa, prisa, decepción. Todo mal.

Existen dos hábitos mentales negativos que nos sabotean todo el tiempo aunque no seamos conscientes: procrastinación y perfeccionismo.

La procrastinación suele traernos más desazones que placeres. Entonces, ¿por qué es tan atractiva? ¿Cómo salir de este vicio del terror? Lo primero es entender por qué sucede.

Existen dos hábitos mentales negativos que nos sabotean todo el tiempo aunque no seamos conscientes: procrastinación y perfeccionismo. Son responsables de sentimientos negativos como la falta de confianza y motivación. Actúan juntos y nos guían a la parálisis —de pensamiento y de acción.

Cuando intercambiamos el trabajo por una recompensa inmediata (ir al cine o ver Netflix) se debe a una de dos razones: a) falta de entusiasmo por el proyecto, ó b) un sesgo cognitivo. Cuando procrastinamos por hacer otras tareas laborales (nos gusten o no) hay otros dos motivos: c) querer el control de todo y d) afán de perfección. Vamos uno por uno.

a) Falta de entusiasmo

En su podcast, The Multiplier Mindset, Dan Sullivan cuenta que él toma muy en serio sus procrastinaciones, pues son avisos inequívocos de que algo le aburre o le fastidia en la tarea encomendada. Sin motivación no hay movimiento. Cada vez que experimenta esa desgana, explora hasta descubrir el quehacer aburrido y cómo transformarlo en emocionante. El aburrimiento es bueno, es una magnífica oportunidad para innovar.

b) Sesgo cognitivo

Muchas veces nos emociona el proyecto hasta ponernos la piel de gallina y aun así procrastinamos. ¿Por qué? Existe algo llamado “hyperbolic discounting”, un sesgo cognitivo que nos obliga a elegir las recompensas pequeñas e inmediatas en vez de las grandes en el futuro. Por eso elegimos comer helado ahorita y decir que empezaremos la dieta el próximo lunes.

¿Por qué somos así?

Hay demasiada información en el mundo y no podemos procesarla toda. Nuestro cerebro ha evolucionado para seleccionar sólo la que es útil en la toma de decisiones momentáneas. La procrastinación es un atajo natural. Nuestro cerebro está diseñado para que lo usamos en beneficio del momento presente. ¿Y el futuro? Hay trucos para encaminar a la mente a la visión positiva del mañana. Aquí algunos que he explorado:

Empatiza contigo

Pregúntate cómo te vas a sentir mañana. Si hoy haces lo que debes te sentirás satisfecho, si no, la culpa te comerá. A mí me sirve más darle poder al sentimiento positivo porque empiezo a gozar la recompensa en el presente. El futuro es, de hecho, una motivación para el ahora.

Anticípate y pre-comprométete

Se trata de quitarnos las tentaciones a futuro. Ejemplo: si queremos hacer una dieta especial, compremos hoy comida adecuada para toda la semana. De esa forma es más difícil que hagamos malas decisiones al momento del hambre.

Planear los días futuros funciona de maravilla. Por lo general usamos las agendas sólo para los compromisos con alguien más (juntas, llamadas a larga distancia, cenas, etc.) y dejamos el resto de las horas “libres” para “trabajar”. El problema es que “trabajar” es muy general. Lo mejor es asignar horas específicas para las tareas importantes y bloquear ese espacio en las agendas. De esa forma nos comprometemos y cumplimos de la misma manera en que lo hacemos con las reuniones planeadas.

Piensa: ¿qué días te sientes más productivo: los que tienen horarios y propósitos (clases, citas) o los que pasas frente a la computadora atendiendo naderías? ¡Eureka! No sólo en el trabajo, este truco es buenísimo para aprovechar mejor los días de ocio: en vez de dejar que el domingo se vaya en bostezos, haces una cita con alguien para ir al cine, al museo, a comer…

Divide las metas grandes en pequeñas partes

Si el problema del “hyperbolic discounting” es que preferimos las recompensas inmediatas, entonces dividamos un proyecto largo en proyectitos cortos y generemos recompensas para cada uno.

Por ejemplo: si tengo una semana para escribir un ensayo, en vez de imaginar que lo haré todo en un sólo día, distribuyo como si fuera una receta y me regalo un rato de ocio al terminar cada paso. Día uno: hacer la investigación. Día dos: ordenarla. Día tres: escribir. Día cuatro: re-escribir. Día cinco: editar. Día seis: descanso. Día siete: re-editar. ¡Listo! ¡Soy un crack!

Reconocer que la procrastinación existe y es inevitable es un gran avance. Ahora, generemos hábitos que nos ayuden a identificar cuándo ocurre y por qué. Aprendamos a hackear a nuestro cerebro de manera consciente para que tome las mejores decisiones.

Aún falta explorar otras dos razones por las que procrastinamos: 1) querer el control de todo y 2) el afán de perfección. A la siguiente entrega los exploraremos.

*Nota para la futura Margot: “¡Por favor termina esta investigación!”.

margot-castaneda

Margot Castañeda

Es una editora de 30 años y vive en la Ciudad de México. Le gusta cocinar, escribir y hacer fotos. Odia la cátsup y el machismo. Es resiliente y se ríe con facilidad de sí misma.

twitter


La próxima semana publicaremos la continuación de esta investigación. Suscríbete aquí para recibir éste y otros recursos en tu correo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s