¡Cultiva tu rareza! VI. Autenticidad

Por Alberto de Legarreta y Margot Castañeda de la Cruz

Queridos amigos raros:

La entrega semanal de ¡Cultiva tu rareza! se atrasó en esta ocasión porque el sismo del 19 de septiembre en la CDMX ocupó nuestro cuerpo, corazón y mente. Sin embargo, el experimento continuó. La crisis nos hizo reaccionar, actuar, y luego reflexionar.

Ante la crisis, todos —Alberto, Margot, los chilangos, los morelenses y los poblanos— reaccionamos como pudimos, cada uno a su modo, cada quién como supo, pudo y quiso.

Gabriel Pacheco

¿Qué pasó? La tierra se movió. Más fuerte que nunca en nuestra vida —sólo Alberto vivió el terremoto de 1985, pero tenía sólo un año de edad y no lo recuerda. El suelo retumbó, el miedo nos invadió, la atmósfera se ensució del polvo que dejaron los derrumbes. Alberto salió corriendo de la oficina de Eudoxa junto a sus colegas y amigos hacia un lugar seguro, juntos. Margot corrió, sola, hacia los derrumbes de la Condesa a “ayudar” —o al menos a intentarlo.

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Hicimos lo que sólo nosotros pudimos hacer. Actuamos como nuestra personalidad, fortalezas y debilidades nos lo permitieron. En los últimos posts hablamos sobre nuestra forma particular de ser; sin embargo nos habíamos limitado a la teoría. Ahora que pasaron los días rojos y pudimos sentarnos a escribir con relativa calma, caímos en cuenta de que esta emergencia nacional puso a prueba la autenticidad de nuestra personalidad.

Comentarios generales

Alberto: Estaba muy acostumbrado a que temblara y no pasara nada. A pesar de la fuerza que sentí bajo mis pies, no imaginé la gravedad de la situación. Poco a poco fui conociendo el impacto, gracias a las redes sociales. Mientras todavía pensaba qué diablos se hace en una situación como ésa, ya me encontraba en Gabriel Mancera y Escocia, llevado allí por los demás eudoxos. Fuimos a ayudar, pero no sabíamos cómo. Goldie no estaba con nosotros. Me preocupaba. El aire estaba lleno de energías que me abrumaban: miedo, desesperación, solidaridad desenfrenada. Ya estando en el sitio del siniestro, mi intuición me decía que lo más útil que podría hacer no era cargar víveres o cerrar calles —eso ya estaba cubierto. Ya lo decía la vez pasada: resuelvo problemas investigando y organizando. Me puse a verificar la información que solicitaban a gritos los que corrían por la calle en sus labores. Eventualmente ayudé a organizar un boletín de emergencia y otras fuentes de información confiable. Me quedé con la sensación de que hice lo mejor que pude, pero, al mismo tiempo, de que mi “mejor” no fue suficiente. Hay situaciones de emergencia en las que debo aprender a responder más pronto, sin perder la ventaja de pensar bien y actuar de forma estratégica.

Gabriel Pacheco

Margot:  Me gustaría decir que actué con todo el poder de mi razón, pero no. El instinto me ganó. Mi madre, mis hermanos, mis amigos —incluido Alberto— se preocuparon por mí, porque estaba en la zona de peligro y no quería regresar a casa. En ese momento me enojé. ¿Cómo pueden preocuparse por mí —que estoy viva y no abajo de un edificio colapsado— en vez de ayudar? Hay gente viva ahí abajo, hay que sacarla, pensé. Pasado mi shock agradecí su preocupación y comprendí que no soy rescatista y no podía hacer mucho. Estaba impactada, necesitaba hacer algo. ¿Quitar escombros? Estorbo. ¿Llevar las herramientas que los rescatistas pedían a gritos? Eso sí. ¿Informar sobre lo sucedido? También. No sé, todavía sigo estresada. No he parado, no he soltado el tema. Un poco por ayudar, otro poco por mis trabajos, otro poquitito más, quizá, por narcisista o por el trauma. Alberto pensó mucho más que yo, no lo comprendo. Yo me lancé como una bestia enfurecida. Sé que debo entender cómo controlar mi furia.

Gabriel Pacheco

Sí, realizamos simulacros. Intentamos enseñarnos a actuar —no reaccionar— antes las adversidades, pero nada nos prepara para ver un edificio recién derrumbado, lleno de gente atrapada, frente a nuestros ojos. Nadie nos dice qué sentir, qué pensar o cómo enfrentar un golpe duro y repentino. Aunque no seamos víctimas directas —sobrevivimos, estamos completos, tenemos casa y no perdimos a ningún afecto— vivimos el miedo y nos vimos al borde de un abismo.

Frente al caos, fuimos nosotros en nuestra más pura y auténtica versión. Sin embargo, nos quedó una reflexión urgente: ante la crisis, el esfuerzo personal de pensar, tomar una postura y actuar, es una responsabilidad individual impostergable.

Gabriel Pacheco

Vivimos en un país inquebrantable y en una ciudad de héroes civiles y solidarios. Nuestra nación y nuestros compatriotas necesitan, más que nunca, de nosotros. A Alberto, a Margot, a ti, lector, nos toca rediseñar esta ciudad. ¿Qué hacemos ahora? Sentarnos a pensar y dialogar. Ya reaccionamos, ahora hay que actuar con estrategias claras. Nos quedamos con preguntas que les extendemos a ustedes, también: ¿qué es lo que yo puedo hacer?, ¿cuáles son mis fortalezas?, ¿qué debo evitar?, ¿en dónde soy estorbo y en dónde soy útil?, ¿cuál es el mejor talento que tengo para poner al servicio de los demás?

Tenemos mucho por hacer. No sólo en ¡Cultiva tu rareza! y no sólo por nosotros. Ya conocemos nuestra auténtica forma de ser. Ahora, ¿qué hacemos con ella?

¡Gracias por leernos! Queremos saber de ustedes. Escríbenos por Twitter (@albertotensai y @marchcastaneda) o mándanos un mail (alberto@eudoxa.mx / margot.castaneda@gmail.com). ¡Hasta la próxima!

¡Cultiva tu rareza! es un experimento vivo que publicamos cada viernes en este espacio. ¡Síguenos! Aquí puedes ver la entrega anterior. ¡Déjanos tus comentarios! Recibe avances, junto a nuestra selección de artículos y recursos sobre liderazgo, empresa, cultura y actualidad, aquí.

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