De crisis y oportunidades

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Santiago Arau.

Por Marina Díaz Enríquez

Pido una disculpa adelantada ante la falta de citas en el presente post. Confieso que entre tuits, posts de Facebook, mensajes de WhatsApp y conversaciones directas, mi cerebro se saturó de información y ya no sé dónde leí o escuché tal o cual cosa.

El brote de esperanza que se vivió en la Ciudad de México los pasados días es una experiencia que nunca había tenido. Desde niña, mi mamá nos contaba a mis hermanos y a mí las historias heroicas de aquel trágico 19 de septiembre del 85, y de cómo miles de personas habían tomado las calles ante la inutilidad de las autoridades.

Dentro de lo surrealista (o kafkiana, como decía un profesor mío de literatura de prepa) que es la historia de México, nuestro país decidió hacerle caso a las mínimas probabilidades de repetir un sismo de gran intensidad, el mismo día que la historia de México cambiara hace 32 años.

Pero sí. Pasó. Otra vez. Un 19 de septiembre un sismo sacudió nuestros corazones. Sí. Pasó. Otra vez. Las personas tomaron la iniciativa frente al espasmo y oportunismo de las autoridades. Sí. Pasó. Otra vez. El corazón de millones de personas palpitó a un mismo ritmo.

Y fue en ese mismo latir donde surgieron iniciativas valiosísimas. Tanto para la emergencia como para el futuro.

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Jorge Dan López.

En menos de 2 días teníamos un sistema de verificación de información dirigido por el equipo de HorizontalMx y su famoso hashtag #Verificado19s; se organizaron brigadas para las comunidades más afectadas de los estados de Morelos, Puebla, Edomex, Oaxaca y Chiapas; se juntaron ingenieros y arquitectos estructuralistas para hacer revisiones y lo condensaron en una o varias aplicaciones para facilitar el trabajo; estudiantes de derecho comenzaron a compartir información pertinente sobre las acciones legales que se debían tomar; se organizaron brigadas de juegos y arte para comenzar a trabajar la parte socioemocional de las personas ubicadas en los albergues… y muchas, muchas más.

Iniciativas relacionadas con el arte, la arquitectura, la ciudadanía o el diseño. La imaginación explotó y se crearon herramientas y proyectos que buscan reconstruir de manera inmediata, pero también con una visión a largo plazo.

Llegó el jueves y se empezaba a hablar de regresar a la normalidad. Lo siento, pero no.

No quiero regresar al país donde la corrupción es el pan nuestro de cada día; los derrumbes y pérdidas humanas del pasado 19 de septiembre fueron el ejemplo más claro de ésta. No quiero regresar a la indiferencia frente a los problemas que aquejan a las poblaciones más alejadas y vulnerables de mi México. No quiero regresar a seguir contando cuerpos en fosas comunes. No quiero regresar al cinismo y oportunismo político. No quiero regresar a esa normalidad.

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Héctor Ríos.

Pero, me niego a quedarme en el no. El teatro me ha enseñado que a las historias o a las ideas de los demás se les debe contestar con un “sí y…”: siempre sumar, siempre aportar, siempre construir.

Rediseñemos México, ¿para qué queremos reconstruir algo que ya tenía daño estructural?

Rediseñemos nuestras escuelas lastimadas;
sí, y hagámoslo con nuestras instituciones;
sí, y empecemos por nosotros mismos;
sí, y hagámoslo ya.

Las últimas dos semanas pude vivir, más que en ningún otro momento de mi vida, aquel principio ignaciano: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”.

Es momento de obrar.

Ante la crisis de corrupción,
diseñemos sistemas de contraloría y de respeto al estado democrático de derecho.
Ante la falta de representatividad política,
diseñemos espacios de participación efectiva ciudadana.
Ante la crisis de desigualdad,
diseñemos empresas que generen prosperidad.

Hay mucho por hacer.
Manos a la obra.

______

Nota especial:

Este escrito va para ti, para ustedes: ferretero que donó su inventario, familia que abrió su restaurante para alimentar brigadistas, joven que cargó y sangró sus manos para quitar escombros, niña que se sumó a las cadenas de víveres, niño que hizo dibujos y los pegó en aquello que donó, para mi querido CUM, para mi México.

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Marina Díaz Enríquez

Comunicóloga apasionada del diálogo y el encuentro. La educación, la música y el deporte son los medios más puros para la transformación del mundo; mi vocación está en su relación.

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