Nuestra ciudad, la que sí se rompe

21762370_10155424106899193_4364558003163133084_o 2
Héctor Ríos

Por Margot Castañeda de la Cruz

Dicen que se hizo miércoles. No supimos. Ese martes duró como entre tres semanas y treinta y dos años. 19. 19-09. 19-09-(85)(17). Todos los días: martes diecinueve.

Me da pena decirlo: yo, la más afortunada, con todos mis afectos salvos, mi casa con techo y mi persona completa (por dentro y por fuera), acabé devastada aquel día de interminables horas. Estamos bien. Tú, yo, nosotros, sobrevivimos y estamos bien después del zangoloteo sísmico de 7.1 puntos terroríficos y 9 millones de corazones latiendo bien fuerte. Sin embargo, hay grietas imborrables en nuestra memoria. Nadie olvida nunca la imagen de un edificio derrumbándose, el grito de una persona bajo los escombros, el pánico colectivo, el insulto del funcionario público que roba frente a la cámara en plena crisis —quizá, y por desgracia, esto sí se olvide—.

Por ahí leí que los chilangos unidos en la ayuda demostramos que la Ciudad de México es inquebrantable. No estoy de acuerdo. La CDMX sí se rompió. Otra vez. Puebla y Morelos se rompieron. Oaxaca y Chiapas se siguen rompiendo. El país entero tiene daño estructural. Hay casas sin techos, edificios sin futuro, pisos abiertos y familias mutiladas. La ciudad es vulnerable y se quebró. Nosotros con ella.

La buena noticia es que sabemos cómo volvernos a pegar.

21686946_10154709039150876_8145879354839260898_o
Héctor Ríos
21762851_10155133064779576_3580413022658082725_o
Xinhua

Devotos a nosotros y a nuestra ciudad, salimos a ayudar sin reparo y desbordamos las calles de solidaridad, empatía, tacos de guisado, palas, picos, cascos, café calientito, compromiso. En unas horas rellenamos los huecos de los derrumbes con un hermoso nosotros. Nos rompimos, sí, pero nos podemos reparar juntos con oro encima del cemento.

Esta ciudad, este país, son resilientes. Lo somos. Nos fracturamos pero nos reconstruimos con remaches. Lo hicimos en el 85 y lo haremos en el 17 siempre y cuando nos reconozcamos como nación, en el “nosotros” y no en “el ellos y yo”.

Esta nación cabe en cada persona. Por eso no nos tuvo que pasar para sufrirlo. Vivimos lo del otro y el otro vivió lo nuestro. Lloramos por los desconocidos enterrados, movimos las piedras incrustadas para sacar al que nunca habíamos visto, y agradecimos en el silencio, con el puño al cielo, por una vida más que salvar.

En otro lado leí que “los mexicanos no estamos esperando a que el gobierno nos salve, nos estamos salvando nosotros”. Confirmo: la clave es el nos. El martes borró el ellos en nuestro vocabulario mexicano. Ojalá no regrese. Nosotros aparece cuando reconocemos que el bienestar de uno depende en gran medida de todos. Ojalá se quede.

21993028_10155133060864576_6151629729700950611_o
Xinhua/David de la Paz

De alguna forma se hizo miércoles. Ahora sí, de verdad. Después del luto: ¿qué hacemos con las partes rotas y las grietas que siguen apareciendo aquí y allá? Si algo nos enseñó este arranque de ser nación (nosotros, los mexicanos, juntos) es que somos más fuertes que la adversidad —llámese desastre natural o político—. Por eso no podemos permitir que sea sólo un arranque repentino y fugaz. Necesitamos que esas ganas de ser nosotros no aparezcan y desaparezcan, sino permanezcan. Que sean compromiso, hábito, costumbre.

Nos rompimos y quizá nos volvamos a romper como tantas veces nos hemos roto. Lo importante es recordar que, tanto como personas como ciudad y como país: somos la suma de nuestras partes. Con ellas podemos hacer una nación más sólida, más alta, más aguantadora. Dicen que el sismo del 85 fue todavía más devastador pero esa no es la diferencia relevante. Treinta y dos años después, ante el déjà vu más real de la historia de México, tenemos más información, más tecnología, más consciencia colectiva y un montón de escombros en la memoria que podemos usar para la nueva estructura nacional.

21765554_10155133069689576_9025730463377275954_o
Xinhua

Ahora que es miércoles y hemos vuelto al correr de la semanas en la vida, evitemos a toda costa regresar a aquella normalidad, el lugar más peligroso para ese nosotros que hicimos juntos en los últimos días. No hay vuelta atrás. Ante este quiebre, tenemos la responsabilidad y el privilegio de pegarnos, de salvarnos, de rediseñarnos, repensarnos, nos, nos, nos.

Ésta es nuestra ciudad. Éste es nuestro país. Estos somos: no inquebrantables, resilientes. ❤

margot-castaneda

Margot Castañeda

Es una editora de 30 años y vive en la Ciudad de México. Le gusta cocinar, escribir y hacer fotos. Odia la cátsup y el machismo. Es resiliente y se ríe con facilidad de sí misma.

twitter

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s