El auge de la economía compartida

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Economía compartida

Somos seres sociales, necesitamos de contacto con la gente para vivir. La economía compartida está en auge porque permite compartir momentos y crear relaciones con otras personas.

Por Itzia Quetzeri 

¿Te acuerdas cuántos años tenían que pasar para que un pequeño negocio se convirtiera en una gran compañía? ¿10, 15, 20 años? ¡Una locura!

Hoy, una startup puede tener más de un millón de clientes en tan sólo un año. Gracias a la era exponencial en la que vivimos, cualquier persona del mundo tiene fácil acceso a la tecnología y, con ello, se pueden desarrollar maravillosos negocios, además de contribuir en la creación de conocimiento para el futuro.

Con el surgimiento de la tecnología exponencial apareció una nueva economía: la economía compartida.

En esta economía la gente comparte sus bienes —su casa, su automóvil, un departamento, cualquier objeto— y otra persona lo adquiere sin necesidad de comprarlo. Es aquí donde habitan compañías como Uber, Airbnb, Bla Bla Car, Peerby, entre otras. En el 2015, la economía compartida generó un ingreso total bruto de $31.7 millones de dólares en los Estados Unidos, de acuerdo a un reporte de la Comisión Europea, y podrá alcanzar los $664.000 millones de dólares. Cada día, millones de personas usan algún servicio de economía compartida, es por eso que la Comisión Europea está generando regulaciones que promuevan su desarrollo sano. Europa tiene una característica que permite el florecimiento de la economía compartida: la densidad de población, con la cual las personas tratan de maximizar el valor de los bienes que no utilizan tanto.

Tomemos de ejemplo a Airbnb, la startup líder en renta de habitaciones o departamentos. Fue muy bien recibida por personas de todo el mundo, tanto, que en sólo 2 años ya estaban disponibles 1 millón de cuartos, y seguían creciendo de forma exponencial en los años siguientes.

Las principales características de Airbnb son:

  • Fácil de usar: si es fácil de usar, es fácil de comprar. Airbnb tiene un modelo de negocio donde se puede encontrar un lugar para rentar de manera muy fácil, todo es en línea, se pueden ver las fotos del lugar y las recomendaciones. En experiencia personal, yo lo usé cuando viajé a Croacia, fue mucho más fácil y accesible que algún hotel local.
  • Métodos de pago flexibles: el flujo de ingresos es tan flexible que existen más de 10 formas de pago, desde el crédito y débito hasta carteras electrónicas como PayU o GoogleWallet. Esto significa una mejor experiencia para los usuarios y los dueños.
  • Únicos y asombrosos alojamientos: el mayor atractivo es que puedes encontrar tu casa/cuarto ideal en cualquier parte del mundo, desde un departamento en Nueva York, una casa en Bergen, hasta ¡un castillo en Rumania! Cualquier lugar para pasar un buen momento está ahí. La diversidad de las personas que ofrecen sus habitaciones o casas es lo más increíble de su modelo de negocios.
  • Te sientes como en casa: la segunda propuesta de valor de Airbnb es el sentimiento de estar en casa. La hospitalidad del anfitrión complementa la propuesta de valor de Airbnb, ¿quién puede ofrecer ese servicio por el mismo precio? ¿Los hoteles? ¡Claro que no!
  • Encontrar un lugar acorde a tu presupuesto: otra de las diferencias entre Airbnb y un hotel, es el precio. Si en este momento yo buscara alojamiento en Bucarest, por una noche en Eos Hotel, el hotel más barato, me costaría $500 pesos mexicanos sin incluir el desayuno. Sin embargo, si busco alojamiento en Airbnb, una habitación privada, con desayuno —y la oportunidad de hacer un nuevo amigo— me costaría 203 pesos mexicanos.

Somos seres sociales, necesitamos de contacto con la gente para vivir. Por esta razón la economía compartida está en auge, ya que permite crear relaciones con otras personas y compartir momentos.

El sector del alojamiento es muy competitivo. Los más grandes hoteles, como el Hilton, compiten y se quedan con una gran rebanada del pastel. Este sector está directamente relacionado con el turismo, uno de las más importantes en materia económica. Todos necesitamos de un hospedaje cuando viajamos lejos de nuestro hogar, independientemente de la razón —negocios, vacaciones, etcétera. Sin embargo, así como tiene muchas fortalezas, también tiene sus puntos débiles: un sector tan competitivo necesita que los negocios que estén involucrados encuentren algo que los diferencie del resto, si no, pueden quebrar; el alto costo que un hotel representa, no genera empleos bien remunerados y motivadores.

Hace poco escribí sobre los clientes de Airbnb: personas que necesitan alojamiento, pero quieren una experiencia diferente; gente que quiere encontrar un lugar único, pero sin excederse de su presupuesto. Los Millennials son quienes participan más activamente como huéspedes y anfitriones de Airbnb; sin embargo, cada vez más adultos están adoptando esa cultura en sus vidas. En mi opinión, es gracias a la mentalidad de compartir y el deseo de aventura.

Pero, no olvidemos, el desarrollo también tiene necesidades. Sin gente dispuesta a compartir su casa, Airbnb no existiría. Es necesario mantener la motivación para que algunos sigan compartiendo sus casas y otros sigan queriendo hospedarse en ellas. Para ello se necesitan regulaciones legales.

La economía compartida es todavía muy joven y los gobiernos no tienen todavía una postura definida respecto a ella. Este año el Comité Económico y Social Europeo, así como el Parlamento Europeo, decidieron hacer la Agenda Europea para la Economía Compartida que fue publicada este verano. Airbnb puede trabajar como un negocio tradicional, legalmente hablando, pero necesita su propia regulación, una regulación justa para la compañía y para el anfitrión que gana dinero con la plataforma. Se tiene que ver como una forma de desarrollar la economía, promover el beneficio de las comunidades y gobiernos, y dejar de verlo como algo peligroso.

La economía compartida está en auge en Europa, se tropicalizaron negocios estadounidenses como Uber y Airbnb al estilo europeo, y el resultado fueron negocios como Snappcar, Zipcar o Peerby (una plataforma holandesa que permite el préstamo de bienes nacionales sin intermediarios, perfecto para comunidades donde la gente vive cerca). A pesar de este beneficio, existe el riesgo latente de que la regulación de cada país entorpezca el desarrollo económico europeo. “Las startups estadounidenses sueñan con llegar al mercado internacional, pero las startups europeas tienen un mercado interno de 400 billones de clientes potenciales, ¿por qué pensarían en la internacionalización?”, leí hace poco —no recuerdo dónde.

Tal vez Europa está atrapada en su propio status quo, en su zona de confort, sin soñar en cruzar el océano y maravillar personas con sus increíbles productos. Sin embargo, deben hacerlo en el futuro, deben pensarlo como plan de acción para el 2030.

Por último, quiero terminar lanzando una provocación: ¿Las acciones de los gobiernos de la Unión Europea son tan buenas como sus discursos?

Los gobiernos europeos se están quedando meramente en el discurso, porque todavía existe el rechazo hacia la economía compartida en algunos de los países. Es cierto que ciudades como Ámsterdam ya regularon a los anfitriones de Airbnb: ahí sólo se les permite rentar su casa/habitación 60 días al año, con un máximo de 4 personas y, en caso de querer alojar a más, el anfitrión debe considerarlo como un negocio y pagar los impuestos correspondientes.

Es el comienzo de la regularización. Es necesario que se establezcan reglas para los agujeros legales que existen en esta nueva economía. No es ilegal, simplemente no está regulado. Los gobiernos europeos tienen mucho trabajo por delante, pero estoy segura que si gobierno, empresa y sociedad civil trabajan juntos, se pueden generar relaciones de prosperidad y abundancia para todas las comunidades.

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Itzia Quetzeri

“Todos podemos mejorar el curso de nuestro futuro.”
Es licenciada en administración de empresas, melómana apasionada y cocinera intuitiva.
En Eudoxa es Directora de Finanzas.

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