¿Qué tipo de jefe eres: Holmes o Watson? (Parte 1)

El líder mira más allá del horizonte y dice: “¡Hacia allá!”. El manager calcula la distancia, contempla las posibilidades, divide la meta en pequeños pasos y dice: “Así”.

Por Margot Castañeda de la Cruz

Pensemos en Sherlock Holmes y John Watson por un momento. Son extraordinarios personajes. Algunos se identifican más con la excentricidad, la pasión, el arrojo y la capacidad deductiva de Holmes. Otros sienten más empatía por la inteligencia, la paciencia, la sensibilidad y la valentía del querido Watson. Ambos tienen la habilidad de un director/jefe/cabecilla: Holmes es un detective autoempleado, Watson es un dirigente médico militar. Sus aventuras ocurren gracias a su coexistencia, pues cada uno aporta habilidades diferentes y a la vez complementarias.

Pero, ¿qué pasaría si los traemos de la Inglaterra del siglo XIX y los colocamos al frente de una empresa en plena era exponencial?

Serían extraordinarios directores y harían maravillas siempre y cuando trabajen juntos, como es su costumbre. ¿Por qué? Porque uno es líder y el otro, manager. No es lo mismo. El primero es el innovador, el segundo el ejecutor. Difieren en sus motivaciones, en su historia personal y en sus formas de pensar y de actuar. Por lo general, se necesitan el uno al otro. Hablemos de estos tipos de directores, con suerte nos identificaremos con uno.

1. ¿Ser el responsable o tener el control?

Ser responsable de significa definir una visión y ser la guía hacia el futuro (líderes). Tener el control de un equipo o proyecto significa mantener el orden de un sistema presente (managers). El líder mira más allá del horizonte y dice: “¡Hacia allá!”. El manager calcula la distancia, contempla las posibilidades, divide la meta en pequeños pasos y dice: “Así”. Los líderes orientan, los managers controlan. Sherlock Holmes analiza y decide la resolución del caso. John Watson administra los recursos para asegurar dicha conclusión y después documenta el proceso (en su blog).

2. ¿Talentos o procesos?

Los líderes trabajan con talentos. Son buenos en reconocer las habilidades únicas de las personas (Holmes). Esto expande la capacidad de la empresa: explota los talentos de sus personas e identifica los que son necesarios para multiplicar el flujo. Holmes es el mejor detective de la historia no sólo por su razonamiento deductivo sino por su intuición hacia las personas.

Los buenos managers convierten las actividades en procesos documentados (Watson). Esto permite la correcta gestión del trabajo, pues mientras más claros sean los métodos, mejor será el flujo laboral –hacia dentro y hacia fuera de la empresa–. Watson no era intuitivo, era el rey del orden y la obediencia, como buen médico militar jubilado.

3. ¿Mejorar o innovar?

El objetivo del líder es innovar. Se cuestiona el status quo casi como hábito. Vive de preguntas (¿cómo hacerlo diferente?, ¿qué productos/servicios/ideas siguen vigentes?, ¿cuáles están caducos?). Le entusiasman los proyectos nuevos y romper los viejos. Se motiva con lo imposible. Es creativo, iniciador, el que enciende el motor del coche, el que arranca las innovaciones.

El objetivo del manager es la mejora constante de calidad. Si hay fallas en el sistema, él se pregunta por qué y las arregla. Resuelve problemas y ajusta desperfectos con tal de mantener el buen funcionamiento. Se motiva cuando imagina las ideas como viables y rentables. Es productor, operador, el que mueve la palanca para que el coche avance, el que ejecuta las innovaciones.

Holmes avienta las ideas al aire, Watson las atrapa, las aterriza y las opera. Lo importante de esta mancuerna es la capacidad del líder para comunicar con la máxima claridad posible la innovación que imaginó y la capacidad del manager para adaptar su sistema al cambio.

4. ¿Las metas como deseos o requisitos?

Las metas de los líderes surgen del deseo. Su actitud ante ellas es personal y activa. Las graban con emociones y así las transmiten. Consiguen que los demás las adopten como deseables porque evocan sentimientos en ellos. Los líderes son activos, le dan forma a las ideas. La droga de Holmes es un caso sin resolver. “The game is on”, dice eufórico mientras sale por la puerta.

Los objetivos de los managers surgen de la necesidad. Su actitud ante ellos tiende a ser impersonal –a veces incluso pasiva–. Los toman con absoluta seriedad pero los ven como exigencias. Los managers son reactivos, responden a las ideas. Watson espera con paciencia en Baker Street 221B hasta que escucha a Holmes gritar: “John!”. Entonces, sale, contagiado por el entusiasmo de su compañero.

Hasta aquí por hoy. En la siguiente parte, que publicaremos mañana, veremos otros rasgos de los líderes versus los managers: riesgo y seguridad, cómo resuelven problemas, qué tipo de mensajes o señales envían y cómo se entienden a sí mismos. Lo más importante: hablaremos sobre la posibilidad de ser ambos al mismo tiempo. Algunos dicen que sí y otros, que no. Ya veremos.

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Margot Castañeda

Es editora  y vive en la Ciudad de México. Le gusta cocinar, escribir y hacer fotos. Odia la cátsup y el machismo. Es resiliente y se ríe con facilidad de sí misma.

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