2017: el albor de una nueva era

Hoy tenemos la oportunidad de sentarnos a cantar las loas de la derrota, de la desaparición histórica de nuestra sociedad. O podemos levantarnos y convertirnos en los demiurgos de un futuro digno de cantarse.

Por Juan José Díaz Enríquez

Hace ya diez meses escribí sobre la importancia de la belleza para salvar al mundo. El contexto era reflexivo y el tono acusaba más un pronóstico que un análisis. En su paralelismo con 1917, este año nos abría la puerta a entender las posibilidades que teníamos que aprovechar para salvarnos como humanidad.

Tras once meses y con el aderezo noticioso de todo lo que ha sucedido, me parece indispensable reflexionar sobre la historia que hemos escrito.

A pesar de mi optimismo férreo, este año he logrado darme unos buenos tragos de aceite de ricino emocional. La boca amarga y el alma se purga. Yuck! La lista de sinsabores es extensa:

  • El atentado en Estambul, enero 1
  • El sismo de 7.2 en Fiyi, enero 3
  • El atentado en Alepo y masacre en Florida, 7 de enero
  • El tiroteo en Monterrey, 17 de enero
  • Toma de protesta de Donald J. Trump como presidente de los Estados Unidos, 20 de enero
  • Terremoto de 8.2 en Papúa y Nueva Guinea, 22 de enero
  • Donald Trump firma la orden ejecutiva para suspender la admisión de refugiados al país, así como la entrada de personas de Libia,Irán, Irak, Somalia, Sudán, Siria y Yemen, sin importar el estatus de visado o residencia permanente, 27 de enero
  • Atentado en Quebec, 29 de enero
  • Expulsión de Sally Yates de la Fiscalía General de los Estados Unidos, por no defender una orden ejecutiva de Donald Trump, 31 de enero

Esto solo fue en enero. Tras ese inicio, un flujo piroclástico igualmente dramático:

  • Aprobación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, 1 febrero
  • Asesinato de Kim Jong-nam, hermano del líder norcoreano Kim Jong-un, 13 de febrero
  • Lanzamiento de misiles al mar de Japón y Corea del Sur, por parte de Corea del Norte, 6 de marzo
  • Park Geun-hye, presidente de Corea del Sur, es destituida de su puesto por corrupción, 10 de marzo
  • Atentado terrorista en Londres, 22 de marzo
  • Gran tormenta en Australia, 28 de marzo
  • Atentado en el metro de San Petersburgo, 3 de abril
  • Ataque químico en Siria, 4 de abril
  • Atentado en Estocolmo, 7 de abril
  • Atentados en Egipto, 9 de abril
  • Tiroteo en San Bernardino California, 9 de abril
  • Lanzamiento de la bomba GBU-43, 13 de abril
  • Atentado en Alepo, 15 de abril
  • Atentado en París, 20 de abril
  • Marine Le Pen queda en segundo lugar en las elecciones francesas, 7 de mayo
  • Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus da su última función tras 146 años ininterrumpidos, 21 de mayo
  • Atentado en Manchester durante concierto de Ariana Grande, 22 de mayo
  • Estados Unidos se retira del Acuerdo de París, 1 de junio
  • Atentados en Londres, 3 de junio
  • Puerto Rico se convierte en Estado de los Estados Unidos, 11 de junio
  • Atentado en Bruselas, 20 de junio
  • Destrucción de la Gran Mezquita de Al Nuri, 21 de junio
  • Atentado en Afganistán, 22 de junio

[Tomemos un respiro, esto sigue. ¿Por qué enlistar todos estos sucesos que en el mejor de los casos son deprimentes? No es afán de morbo ni de amarillismo, es una pincelada gruesa que me ayudará a dibujar la hipótesis central de mi texto. Aguanten conmigo, prometo que llegaremos a buen puerto.]

  • Atentado en Damasco, 1 de julio
  • Nuevo lanzamiento de misil por Corea del Norte que cae en el mar de Japón, 4 de julio
  • Japón debe evacuar a millones de personas por fuertes lluvias, 9 de julio
  • Revuelta ultra-nacionalista en Charlottesville, 12 de agosto
  • Atentado en Barcelona, 17 de agosto
  • Huracán Harvey toca tierra en Texas y Louisiana, 23 de agosto
  • Corea del Norte lanza tres misiles que caen en el mar de Japón, 26 de agosto
  • Rusia expulsa 755 diplomáticos estadounidenses, 1 de septiembre
  • Corea del Norte hace pruebas con bomba de hidrógeno, 2 de septiembre
  • Formación y paso de huracán Irma por el caribe, 4 al 11 de septiembre
  • Terremoto en México, 8 de septiembre
  • Terremoto en México, 19 de septiembre
  • Huracán María golpea Puerto Rico, 20 de septiembre
  • Angela Merkel es reeelegida canciller de Alemania, 24 de septiembre
  • Atentado en Canadá, 30 de septiembre
  • Revueltas en Cataluña por referendum independentista, 1 de octubre

¿Resumen? Crisis políticas, sociales y económicas; desastres naturales; el mundo que conocemos se convulsiona, se agita, se desmorona (¿se desempolva?). Seamos justos: a la par de este alud de sinsabores también han habido noticias extraordinarias y avances científicos, técnicos, humanitarios, etc., que empujan la luz a pesar de las tinieblas. Sin embargo, nuestros focos de alerta están saturados y vale la pena ver los focos rojos brillar. Quizá en su tinte carmesí escondan algo que no deberíamos pasar por alto.

El mundo se agita. No puedo obviar los versos de Sabines: “Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente (…) Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia —y se agita y crece— cuando Dios se aleja”. A Sabines y a su tía les encanta Dios. A mí también. Pero aquí lo importante no es eso, sino el hecho de que el mundo se agita y crece y cambia.

Estos cambios los hemos vivido como humanidad desde siempre porque somos una especie exponencial. Pese a disfrutar el status quo, lo saboteamos y extinguimos en un afán incontrolable y bendito por avanzar hacia el futuro.

En este 2017el cambio parece ser más que evidente. Lo interesante es descubrir que incluso esta turbulencia no es nueva para la humanidad. (Quizá lo sea para ti, para mí, pero no para la Historia).

Alrededor del 3000 antes de Cristo la humanidad sufrió un cambio radical. La tecnología se aceleró profundamente e impactó las estructuras sociales y económicas conocidas hasta ese momento. Cinco mil años antes el cambio climático y el surgimiento de la agricultura configuraron un mundo que tiene repercusiones hasta nuestros días. Sin embargo, por profundo que haya sido ese impacto, a finales del siglo IV a.C. el status quo cambió  de nuevo. El bronce entró a escena y causó disrupción en todo el mundo conocido. Sin embargo, un momento aún más “cataclísmico” fue la llegada del Hierro.

Un ejemplo paradigmático es la mítica ciudad de Troya. Representada en las dos famosas épicas de Homero, Troya fue una ciudad hitita que sufrió los embates de un fin de era. Quizá alrededor del 1200 a.C. el paso de la Edad de Bronce a la Edad de Hierro creó condiciones que la humanidad no había experimentado hasta entonces. Tal fue el impacto de esta nueva era de la humanidad que muchas civilizaciones desaparecieron por completo y el imperio Hitita (fuerte y próspero durante la edad de bronce) se disolvió en nuevas y pequeñas ciudades-estado. Troya sufrió alrededor del 1300 a.C. un terremoto que destruyó la ciudad, y alrededor del 1190 a.C. sufrió los embates de perder una guerra tras un prolongado asedio.

Por su parte, la civilización micénica, posiblemente la gran combatiente contra los troyanos en la guerra y el asedio narrados por Homero (y el gran aliado comercial de Troya, previo a la guerra), desapareció de manera abrupta: su modo de escritura dejó de usarse, sus ciudades se abandonaron, el comercio desapareció. ¿Qué ocurrió? A la fecha es un gran misterio arqueológico, pero los estudiosos proponen un mix de varios elementos: terremotos, hambruna, inestabilidad social, política y económica, inmigración de otros grupos sociales, aumento en el uso de armas… ¿les suena?

Esta comparación podría parecer anecdótica, pero no creo que lo sea. Daniel Sullivan, fundador de Strategic Coach y autor reiteradamente citado en este blog, propone una matriz para entender los eventos y cambios en el mundo que generan lo que él llama “puntos de tensión”. Su matriz la pueden revisar aquí.

En resumen: existen tres fuerzas que buscan estabilizar la realidad social, política y económica, y tres fuerzas que impulsan la aceleración y el cambio. La estabilidad tiene un horizonte regional y cerrado, y la aceleración tiene un horizonte global y abierto. Cuando se cruzan ambas fuerzas surge un punto de tensión que puede ser (y ha sido históricamente) muy violento.

Las tres fuerzas estabilizadoras son: la familia, la religión y la política. La familia garantiza la supervivencia de individuos relacionados entre sí y la consecución de bienes materiales y espirituales necesarios para la buena vida; la religión unifica los criterios morales y éticos de varias familias y así facilita la cooperación; la política garantiza cierto grado de evolución social y mejoramiento comunitario sin necesidad de la violencia o la destrucción.

Las tres fuerzas aceleradoras son: la tecnología, la ciencia y las finanzas. La tecnología, al mezclar las capacidades de tecnologías previas, crea nuevas capacidades de un modo que nunca es predecible; la ciencia aumenta la capacidad humana de transformar los procesos naturales en “fórmulas” utilizables y predecibles; las finanzas tienen a abrir las fronteras sociales al buscar constantemente la optimización de la cooperación y la mejora competitiva.

¿Qué pasa cuando la política se enfrenta a las finanzas? ¿O cuando la tecnología colisiona con la familia? Emergen puntos de tensión que pueden llegar a ser tan violentos como para desaparecer civilizaciones enteras.

Los hititas, minoicos, cananeos son ejemplo de ello; también lo son la Nueva España y Constantinopla… ¿lo serán la Unión Europea y los Estados Unidos de América? Quizá sólo el tiempo lo diga, pero creo que hay indicadores para pensar que así lo será.

No es malo. La gran agitación que sacude al mundo no es un espasmo de muerte. No. Es una contracción de parto.

El mundo está sufriendo muchos puntos de tensión violenta porque está entrando a la alborada de una nueva era. ¿Esta era será mejor o peor que las anteriores? Confío en que sí, pero no por sí misma ni por obra y gracia de un narrador impersonal que garantice el futuro de la humanidad. Lo será si así lo decidimos, si así lo diseñamos, si así lo ejecutamos.

Hoy tenemos la oportunidad de sentarnos a cantar las loas de la derrota, de la desaparición histórica de nuestra sociedad. O podemos levantarnos y convertirnos en los demiurgos de un futuro digno de cantarse.

Mientras tanto podemos recitar las líneas del poeta irlandés:

“Always pain before a child is born

Yahweh, Yahweh

Still, I’m waiting for the dawn”.

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Juan José Díaz Enríquez

“Construyamos un mejor México.”
Es filósofo, melómano apasionado y docente.
En Eudoxa es Director General y Director de Innovación.

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